Natalie Arriagada: “Nosotras también podemos construir nuestro feminismo”

INTRODUCCIÓN

8 de marzo: Mujeres y organización popular

La llegada del 8 de Marzo pone en acción y movimiento a millones de mujeres en todo el mundo, vemos cómo la fuerza de la lucha feminista va poniendo en la palestra cuestionamientos al rol impuesto a la mujer en todas las esferas de la vida, cosa que antes no veíamos posible, pues los medios de comunicación y el comercio inundaban este día con consumo, rosas y felicitaciones. Hoy en cambio, vemos cómo en la mesa familiar, en la televisión y sobre todo en las calles va agarrando más fuerza y sentido la conmemoración del 8 de marzo y el conjunto de las demandas del movimiento feminista.

En el marco del dia de la mujer trabajadora, abrazamos el potencial que ha ido tomando el movimiento feminista en la articulación de las demandas del pueblo. Sin embargo, creemos que aún existe una deuda, que se relaciona con la falta de diálogo con los sectores populares, con la dirigenta vecinal, con aquellas mujeres que se organizan por una vida mejor, luchando por demandas concretas, y con todas quienes cargan en su cotidianeidad el peso real de la vida precaria, las violencias y las injusticias. No ha llegado ahí con fuerza aún el movimiento feminista y sus cuestionamientos, poco se ha enfrentado al sentido común que emerge de los territorios, a las contradicciones que allí se viven y a la tarea lenta y larga de la organización popular.

Quienes apostamos por el trabajo territorial en poblaciones, villas y barrios, y por la construcción de una fuerza social con capacidad de generar transformaciones profundas, estamos seguras que podemos y debemos llenar ese vacío, tendiendo un puente de diálogo que acerque al movimiento feminista y a las mujeres pobladoras. Puente de diálogo que, para que sea tal, debe tener vías de ida y vuelta. Por un lado, el feminismo buscando entrar al sentido común poblador. Por otra parte, las mujeres pobladoras enriqueciendo la lucha feminista desde su propia realidad y cultura, desde su experiencia acumulada de organización y vida cotidiana.

En el trabajo territorial el desafío es enorme, y no sólo respecto a la necesidad de acercar el feminismo, sino en la capacidad de politizar las experiencias de organización por las distintas demandas y necesidades que tenemos como pueblo. En la capacidad de dialogar con los distintos movimientos que hoy levantan sus demandas. En la posibilidad de articular las distintas expresiones que surgen desde los barrios para levantar la voz de las y los pobladores. Para tejer la fuerza de las y los trabajadores y el pueblo en una sola gran fuerza, que se levante desde los territorios, los sindicatos, los feminismos, la lucha por la recuperación de las aguas y la tierra, y todas las demandas que se levantan contra los dueños del poder y las riquezas.

Debemos ser capaces de unir todas las luchas en un punto común: la lucha por una vida digna para todas, todos y todes, sin violencias, sin injusticias, sin pobreza y sin explotación.

Dado lo anterior, quisimos contribuir al diálogo y visibilización de las luchas de mujeres que participan en distintas organizaciones populares, realizando una serie de seis entrevistas, que se presentan a continuación.

Por Camila Araya y Romina Quiroz

ENTREVISTA

En el contexto de conmemoración de un año más del día internacional de la mujer trabajadora, Natalie Arriagada (33 años), madre de Trinidad, mujer trabajadora, pobladora y militante del Movimiento de Pobladores Vivienda Digna (MPVD), actualmente candidata  a constituyente por el Distrito 8, conversa con nosotras sobre su experiencia  de vida como mujer y militante.

Háblanos de ti Natalie

Soy mamá de Trinidad, quien está a punto de cumplir 10 años, ella es la esperanza que tengo en el corazón para poder cumplir todas esas transformaciones que uno espera ir consiguiendo para nuestro pueblo; además soy parte del Movimiento de Pobladores y Pobladoras Vivienda Digna.

Mi trabajo político comienza alrededor de los 14 años, cuando entro a militar a las Juventudes Comunistas acá en Maipú, siendo –a los 17 años- Secretaria Política de la comuna, una de las militantes más jóvenes que había recibido la Jota en esos años. En el año 2006, me tocó ser vocera de mi colegio para la Revolución Pinguina, fue una experiencia de nuevas formas y dinámicas de organización, por primera vez la toma se constituía como una herramienta política que tenía la capacidad de impugnar un sistema educacional, que en esos años ya denunciábamos que estaba podrido y que era deficiente, y no solamente se hizo en la Región Metropolitana, sino que además se hizo a nivel nacional, y eso permitió que fuera una de las luchas más importante que ha dado el movimiento estudiantil, pero también los sectores populares. Recuerdo muy bien, que teníamos diferencias políticas con los colegios emblemáticos, nos costaba adecuarnos a su dinámica, una dinámica que estaba muy coaptada por las estructuras políticas, y en cambio nosotros que éramos de los sectores populares, con mucha más gente organizada, pero con otras formas y dinámicas organizativas. Recuerdo muy bien que nuestras discusiones eran altamente complejas para ser jóvenes, en el zonal poniente teníamos consignas como «de la sala de clases, a la lucha de clases», mientras que en los colegios emblemáticos se cocinaba la LOCE.

Entre el 2006 y el 2016 intenté levantar un proyecto de familia, el cual no resultó, en ese tiempo mi compañero, actualmente papá de mi hija, es una persona con consumo problemático de drogas, hasta el día de hoy me toca vivir ciertas situaciones de violencia, como es el hostigamiento, incluso en estos momentos tengo una orden de alejamiento activa. Así que puedo decir lo que significa ser una mujer que pierde a una persona producto de la droga, particularmente de la pasta base, que es la que más daña a las familias populares de Chile (…) Yo tengo vecinas que sus hijos se han suicidado producto del consumo de pasta base, y he visto cómo a ellas se les va la vida en ese dolor, cómo abuelas han criado nietos toda su vida y los han visto perderse en eso. Es una realidad que la izquierda no habla mucho, que tiene que ver con el narcotráfico, con el consumo de droga, se habla solamente desde la moral, pero no hay una política desde la izquierda de cómo poder abordar este tipo de situaciones, de cómo contener a las compañeras, a las mujeres populares digamos, no a las militantes que tienen conciencia de clase, que te pueden hablar desde sus privilegios que tuvieron en la universidad para poder decir esto y esto otro, sino cómo lo hacemos con nuestro pueblo, con nuestras compañeras que no tienen nociones políticas absolutamente de nada, y que al final no terminan culpando al sistema, sino que terminan culpándose a ellas mismas.

¿Cuál es la lucha que te moviliza?

Me moviliza la esperanza de construir un mundo nuevo que dejarle a la Trini, y me moviliza la ideología.

Me moviliza el que algún día podamos ser los productores y los diseñadores de nuestro futuro, y para eso necesitamos tomarnos los medios de producción, creo en la toma del poder político, por tanto  en el socialismo como horizonte. Si bien comprendo que estamos en un contexto histórico donde no están las condiciones objetivas para lograrlo, en algún momento, todo nuestro esfuerzo tendrá que florecer como flores en el desierto, donde todas las flores con sus colores puedan mostrarse al mundo.

Y en el Vivienda Digna en particular, me moviliza la lucha por el barrio, por la vivienda digna, por el barrio organizado, creo que es un proyecto político que es viable, no desde la perspectiva de la fantasía, sino que desde la realidad concreta, tampoco es que vamos a construir un soviet en el barrio, pero sí vamos a poder aportar un poquito más a la vida de cientos de personas que creen que los valores y principios del capital no son los primordiales en nuestras vidas, sino que hay otros valores como la solidaridad, el apoyo mutuo, la colaboración, que son pilares fundamentales para construir un nuevo país.

¿Cuéntanos sobre tu experiencia como mujer en este trayecto organizativo?

Después de 5 años de relación con el papá de mi hija, me separo, y mi mamá me invita a ir al SINTRAC, lugar donde me tocó vivir una de las huelgas más importante en mi vida, y una de las más larga, que fue la huelga de las y los trabajadores del Transantiago que hicieron movilizaciones de alto impacto, se tiraron a la línea del metro, fue un hecho histórico acá en Chile, fueron 15 días de huelga, donde se dio una dinámica muy buena con las y los trabajadores, las trabajadoras eran parte de todos los grupos que se dieron para levantar dicha huelga, teniendo un rol fundamental como mujeres en toda esa huelga, incluyendo la toma del Ministerio de Transporte, donde mi mamá -como dirigenta del SINTRAC- tuvo la posibilidad de ser parte de esa toma, que fue en la madrugada, fue un hecho comunicacional, y recuerdo cómo yo la miraba con una profunda admiración, con miedo también de que no le sucediera algo, pero muy orgullosa de ella, de sus capacidades, de sus habilidad, de su fuerza. Sin duda, mi mamá es la sujeta inspiradora en mi vida, políticamente sobretodo, no hay otra mujer que me pueda inspirar más fuerza que ella.

Gracias a ella puedo decir que tuve la experiencia de estar en las primeras marchas del 8 de marzo: el día internacional de la mujer trabajadora, porque así yo conocí el 8 de marzo, no lo conocí como el 8M, como el 8 feminista, sino que yo lo conocí como el 8 de marzo el día de la mujer trabajadora, donde ni siquiera se realizaba la marcha desde Plaza Italia hacia abajo, sino que se marchábamos hacia arriba. Espero que hayan más compañeras que puedan compartir este tipo de recuerdos, porque yo era muy joven en esos años, no recuerda a muchas, pero sé que hay mujeres que se deben recordar que esta marcha hacia el otro lado, y no éramos millones como ahora, no éramos más de doscientas, incluso cien en algún minuto, y marchábamos hacia arriba con flores en la mano recordando -también- a nuestras compañeras caídas en dictadura.

Con respecto al Vivienda Digna, alrededor de junio del 2016, nos empezamos a reencontrar con compañeros que no tenían la posibilidad de poder comprar una vivienda, y buscábamos también tener un instrumento que nos permitiera cambiar nuestro habitar en pleno San Luis, el sector donde las políticas del Estado no llegan, y cuando el Estado no llega, otros asumen esa fuerza, tal y como es el narcotráfico, y decidimos levantar el Vivienda Digna para poder construir un proyecto político, que fue el barrio organizado, el cual pudiera transformar la vida de nuestras vecinas y vecinos, pero particularmente pudiera transformar la vida de nuestros propios hijos e hijas.

¿Cómo ves al movimiento feminista?

Ha sido complejo levantar el feminismo como tal dentro de nuestras organizaciones, porque el feminismo actual no ha calado al interior de nuestras organizaciones. Tuvimos una experiencia con una organización de mujeres, donde le abrimos el espacio para que pudiera colaborar en el levantamiento de una línea antipatriarcal y feminista, y fue un fracaso porque las vecinas creían que eran asesinas porque hablaban de aborto y estaban a favor de ello. Entonces, ha sido un desafío súper importante el cómo poder establecer que el feminismo es una herramienta de lucha, que hay muchos feminismos, que no hay sólo uno, y que nosotras también podemos construir nuestro feminismo, lo importante es que esté basado en ciertos principios, pero por sobre todo esté basado no sólo en el amor y la solidaridad o sororidad, sino que esté basado en ser un instrumento para luchar, un instrumento para luchar contra el sistema, que es el culpable de todas nuestras injusticias que palpitamos y sentimos en nuestros cuerpos y en nuestras vidas todos los días.

Las organizaciones de vivienda están compuestas en su 80% de mujeres, muchas mujeres con muchas historias, relatos y experiencias distintas, por eso ha sido difícil levantar el feminismo. Pero, para mi la organización funciona cuando se vive un proceso, nuestras vecinas llegaron no hablando a la asamblea, y hoy a veces no dejan hablar, pero ha sido porque hemos tenido la posibilidad de luchar juntas, de conocernos, de pelear, de discutir, de volver abrazarnos, de volver a reencontrarnos, de mantener diferencias, de tener claridad de que son diferencias, pero que eso no nos hace mayormente diferentes, porque tenemos problemáticas en común, y lo que nos une nos da la posibilidad de aprender con la lucha, de aprender en la calle, de aprender equivocándonos sin formatos ni grandes exponentes del feminismo (…) A mí, me ha tocado vivir las cosas buenas con las vecinas y también las cosas malas, porque estamos todas atravesadas por el patriarcado, no esperemos que  todas estén decontruídas y que sean moralmente superiores, a mi eso me incomoda: la moralidad, la superioridad, decir esto es feminismo, esto no es feminismo, esto está bien, esto está mal, esa superioridad moral no me gusta, no me agrada. Nosotros, por ejemplo, dejamos que nuestros comités decidan si quieren marchar con sus compañeros, con sus vecinas y vecinos, y que lo voten, y en algunos comités vecinas han decidido ir sin hombres, y en otros comités han decidido ir con hombres, porque algunas plantean «¿por qué esta vez los tenemos que excluir, si hemos luchado todo el año con ellos?», quizás no luchamos con todas las parejas de las vecinas, pero tenemos vecinos varones que están todo el año luchando con nosotras ¿por qué los tenemos que excluir?. Ese tipo de cosas y de contradicciones son súper importantes que se den, porque ahí se da una discusión muy enriquecedora entre todas y todos.

¿Cómo consideras que aportas al movimiento feminista?

Particularmente creo que mi aporte está en la organización popular, está en tener el desafío de organizarse con mujeres de pueblo, porque creo que ahí está la disputa, la disputa no está entre las mujeres que pensamos igual ideológicamente, sino que la disputa está cuando uno va a convencer a esas mujeres que no piensan igual que tú, y eso se hace con el ejemplo, eso se hace todos los días con mucho amor, con mucha resilencia. Y yo aporto desde esa trinchera, desde la trinchera del movimiento popular, somos muchas las que estamos entregando el cuerpo y la vida para que eso pueda suceder, a tal punto que en las primeras marchas del 8 de marzo, desde el Vivienda Digna sacábamos con suerte 20 a 30 vecinas, ahora llegamos a sacar más de 100 mujeres que se movilizan junto a nosotras, y todas pidiendo lo mismo: transformar este país, caminar libremente por las calles, dejar de sufrir violencia institucional, violencia política, violencia sexual, como mujeres del país lo sufren.

¿Cómo se podría potenciar el movimiento feminista?

Yo creo que al movimiento feminista le falta un poco más de realidad, salir de su espacio de confort, discutir con mujeres que no son -en términos ideológicos- igual que ellas, le falta construir con el pueblo. Si bien las tareas del desarrollo intelectual son importantes, pues necesitamos compañeras que escriban, pero también necesitamos compañeras que vengan a poder relacionarse con las que van a ser sus futuras compañeras, en eso yo creo que el movimiento feminista está al debe, de repente lo veo muy en la zona de confort, muy ligado al mundo universitario, a la academia particularmente con las que ya no estudian, pero somos cientos las mujeres pobladoras que estamos dando la pelea, y que necesitamos manos, y necesitamos que las compañeras salgan de su zona de confort, de la intelectualidad, y se pongan a construir con nosotras, y se pongan hacer las cosas buenas y las cosas malas, porque nosotras nos mamamos todo, no nos mamamos solamente la marcha del 8M, sino que nos mamamos las cosas malas también, vivimos las cosas malas en carne propia. Porque para construir la fuerza, hay que disputarla, y hay que disputársela particularmente a la derecha, o sino tienes lideresas como Cathy Barriga, donde nuestras vecinas se ven reflejadas en esa vida, como que su vida fuera de ellas, entonces si las que tenemos conciencia de clase no disputamos, quién lo va hacer, ¿quién va a venir aportar en esa construcción? o ¿esperan a que nazca sola? no, no va aparecer, porque el capital y patriarcado es mucho más fuerte, entonces necesitamos muchas manos en los sectores populares levantando organización, levantando organización feminista, levantando organización de mujeres, y esa es la disputa. La disputa para mí no está entre las que hablamos igual, no está en quienes pensamos igual, sino que en dónde no se habla igual”.

¿Cómo vivirán el 8M?

Nos vamos a sumar a una marcha territorial aquí en la comuna de Maipú, primera vez que no vamos a ir al centro, lo decidimos en la asamblea, porque queremos sumar a más mujeres, a más vecinas, a más compañeras, y queremos visibilizar en nuestro territorio nuestras experiencias e injusticias que vivimos todos los días, y que sin duda el patriarcado nos mata de distintas formas, desde los femicidios hasta eligiendo el cómo tenemos que vivir, en los lugares que tenemos que vivir y desarrollarnos, cuando nos excluye de poder educarnos, cuando nos excluye de tener una salud digna, cuando nos excluye de todos nuestros derechos también nos está matando. Entonces, eso lo queremos gritar a los cuatro vientos, el machismo mata, el patriarcado mata, el capitalismo mata en todas sus expresiones, y nosotras estamos acá en momento de lucha, no solamente en querer sobrevivir, sino que nosotras estamos luchando contra eso, y luchamos con nuestra fuerza, luchamos con nuestra alegría, con nuestra creatividad, pero por sobre todo luchamos con nuestra esperanza, y para las que somos madres, nuestras esperanzas son nuestras hijas y nuestros hijos, y lo vamos a vivir como todos los años: con fuerza, con nuestra alegre rebeldía, tenemos muchas vecinas de edad, pero que se suman a esta movilización contentas de poder estar al lado nuestro, y ahí vamos a estar para decir que existimos y que no somos invisibles”.

2 comentarios en «Natalie Arriagada: “Nosotras también podemos construir nuestro feminismo”»

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